jueves 21 de febrero del 2019

DE OTRO POZO

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Amores entre la colonia y la memoria

* Por Gisela Colombo

“Palmeras en la nieve” es una película española estrenada en 2015. Disponible en plataformas de streaming, se trata de la trasposición a lenguaje cinematográfico de una novela que fue igualmente exitosa. El texto, con el mismo título, es creación de Luz Gabás y fue publicado 2012. En pocos meses se convirtió en uno de los libros más vendidos en España.

El argumento consiste en el relato de la reconstrucción que va haciendo Clarence, una joven española que acaba de perder a su padre, y descubre una carta antigua que la invita a desentrañar los vínculos creados cincuenta años antes en una colonia española de África. El rompecabezas que va completando es el de la vida de su tío Kilian (Mario Casas), aunque también algunas nefastas intervenciones de Jacobo, su padre. Como los datos de los que dispone en España no alcanzan para comprender la situación, se embarca hacia Guinea, hacia Bioko, una antigua colonia española que se independizó en 1968.

En una serie de raccontos con mayor duración que el relato actual se van narrando los hechos que emparentan a Kilian con Bisila (Berta Vázquez), una nativa que ha sido casada de acuerdo con los códigos tribales vigentes. Aunque Kilian la descubre antes, le es presentada en el mismo momento del enlace. Desde ese día, en el que es posible descubrir la atracción a simple vista, hasta el final asiste el espectador a un amor prohibido, peligroso y conmovedor.

Kilian, su hermano Jacobo y el padre de ambos permanecen en Guinea trabajando en plantaciones de cacao. El film recrea ese pasado colonial y hace visibles las relaciones entre colonos y nativos: exhibe la degradación de las mujeres autóctonas con la única excepción del trato que le da Kilian a Bisila. Si el amor entre ellos conmueve es precisamente porque trasciende toda diferencia. Pero el entorno no tiene la misma suerte. Neutralizados los hombres, la situación se reduce a las órdenes españolas y la obediencia nativa. La inequidad es una legitimación de la esclavitud, que indigna.

Pero aquello no habría de durar para siempre, y asistimos también a la revolución que independiza esa tierra guinea de los opresores españoles.

El viaje de Clarence termina por hallar lo que buscaba: conocer por qué las palmeras siguen gravitando la vida de la familia como si crecieran en el paisaje nevado de Huesca. Descubre su presencia especialmente en el espíritu de su tío Kilian, vivo pero perdido en una enfermedad senil. Pero eso no es lo único que encuentra: Clarence también hace su experiencia de trasplantar las palmeras a la nieve. Y, como dice la Bisila anciana con quien se entrevista, la sangre está destinada a reunirse de nuevo.

La exuberancia de la naturaleza interviene también en la trama como un peligro más al que están sometidos los personajes, especialmente los españoles. Las locaciones del rodaje incluyen paisajes colombianos y senegaleses que justifican sobradamente la inversión: logran una verosimilitud y una belleza innegables.

Los vestuarios son otro dato admirable de la película, que también reconstruye la arquitectura de las colonias africanas y su enorme distancia con las casas de piedra de montaña en la que viven en sus tiempos españoles. La música, por su parte, ha recibido galardones.

Si bien no fue la percepción que prevaleció en otros mercados, la película ha recibido algunas críticas negativas en España.

En general, se deben al trabajo del guionista. Se le ha reclamado que alivianó de conciencia política el texto para la puesta en escena. Es comprensible. Un tema semejante anima al libro con un compromiso social y un deseo de conservar por otro medio que la historiografía las injusticias cometidas por España en África. No obstante, el cine tiene otra potencia y otro alcance también. Con mucho menos desarrollo se logra una empatía superior frente a cualquier iniquidad. La recepción del film rebasa los límites de España, donde el asunto quizá sí merezca un abordaje más profundo desde el punto de vista histórico. El asunto de la colonia no queda neutralizado, de todos modos. Recibe la atención justa, planteado como el marco en el que suceden los hechos. Lo central es la historia de amor.

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Consigue así sostener el interés en una obra de dos horas cuarenta minutos, lo cual seguramente no ocurriría si el director les hubiera dado el gusto a esas críticas. Las exigencias comerciales y el interés del público lógicamente inclinan la balanza y en este caso, lo hacen muy bien, acentuando el elemento más universal que existe, el tema del amor. Vaya, entonces, para quienes están interesados en el aspecto histórico y la independencia de Guinea la recomendación de no perderse las páginas de la novela de Luz Gabás, que reúne también las otras virtudes del relato fílmico.

No nos extenderemos más. Como se trata de una puesta de gran armonía visual, dejemos que hablen por ella sus imágenes:

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La Pampa // Argentina

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