lunes 23 de septiembre del 2019

DE OTRO POZO

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"El alienista", un thriller policial de corte psicológico

* Por Gisela Colombo

En la década del 90 se publicó “The alienist”, una novela policial de corte psicológico a partir de un asesino serial que se aplica, en cada fecha litúrgica cristiana, a matar muchachitos a quienes travisten y prostituyen en los sitios más oscuros de la Nueva York de 1896.

Caleb Carr es el autor del texto y logró con este trabajo un gran éxito. El libro fue traducido a muchos idiomas y resultó record de ventas. Como consecuencia, Paramount ofreció un contrato al autor, que no se cumplió durante muchos años.

Recién en 2018 se estrenó la serie televisiva que lleva el mismo nombre. Aunque la tardanza fue considerable, en 2015 comenzaron a trabajar productores y el mismo autor de la novela en la producción de los diez capítulos que comprende la primera temporada, hoy disponible en Netflix.

Cada entrega recuerda, en una leyenda inaugural, que un alienista era alguien que estudiaba desde los albores de la ciencia psicológica a quienes estaban salidos de sí, “alienados”.

En este caso, será Laszlo Kreizler (Daniel Brühl) quien por inacción deliberada supla en una investigación personal el trabajo de la policía. Dos personajes más, la primera mujer de la Policía de New York, (Dakota Fanning) que se desempeña como asistente de Roosevelt, comisario principal de la ciudad, el mismo que luego será presidente de la Nación. Y el tercero (Luke Evans) es un dibujante del New York Times que se involucra en la cacería del criminal.

Los tres personajes y dos investigadores hermanos entre sí y muy afectos a los nuevos inventos y descubrimientos de la ciencia, exhiben una criminología en pañales, ya lejana de los policiales ingleses al estilo de Conan Doyle. La puesta en escena se propone olvidar la larga tradición de género que dieron el siglo XX y lo que lleva del XXI. En un esfuerzo permanente intenta la verosimilitud de un mundo en que apenas aparecían los primeros casos de asesinos seriales y de una ciencia abocada a esas nuevas necesidades.

Es posible también descubrir elementos que recuerdan policiales negros. El médico, de hecho, tiene a su servicio tres personas víctimas de la marginalidad y culpables de crímenes pasados, como un modo de expresar esperanza en su propia ciencia, en la capacidad salvífica de las segundas oportunidades.

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La pesquisa, siempre enfocada en el costado psicológico del asesino, más podría parecerse a los enfoques de Chesterton y su padre Brown que a la obsesión por las huellas físicas de Sherlock Holmes. No obstante, si se trata de tono, hay influencia de Poe. No sólo los escenarios marginales en que ocurre el relato, también la perturbación emocional de gran número de personajes. El alienista desnuda traumas de sus colaboradores, vulnerando la intimidad de quienes no debieran ser su blanco. Así, cada personaje despliega sus conflictos, lo cual concede el modo de acercarse conjeturalmente a la conciencia del asesino.

El autor de la novela confesó en varias entrevistas que este texto lo ayudó a conjurar sus demonios personales. Y reconoció que la relación tormentosa con su padre pudo haber influido en las circunstancias creadas para “El alienista”. Así que la serie podría promover también en el espectador cierta reflexión sobre sus tendencias psicológicas, si no fuera porque el vértigo del género audiovisual lo limita, problema que se allana en la lectura.

Una reconstrucción excelente de época incluye algunos personajes reales de ese tiempo (Roosevelt, J.P. Morgan, el banquero, etc.). Tramas de corrupción, abuso de poder e inmoralidades varias terminan haciendo creíble la ficción. Quizá por momentos se torne demasiado explícita para el lenguaje visual. Pero nunca abandona la intención de generar un contrapunto entre lo que sucedía y lo que habría de suceder en un mundo como el nuestro, donde no hay margen para silenciar abusos deshonestos, horrores sexuales contra menores, explotación de la niñez, indolencia y racismo hacia los inmigrantes, honda pobreza de gran parte de la población y un papel femenino que la protagonista desafía desde una rebeldía fáctica a pesar de conservar todo el decoro deseable en una mujer de fin del siglo XIX.

Adictivos el texto y la serie, no faltan al entretenimiento, pero tampoco dejan mucho más que eso.