domingo 15 de diciembre del 2019

Gestos luminosos encauzados por la poesía

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El sábado que pasó el poeta Edgar Morisoli presentó un nuevo libro titulado “Un ademán de sol”. 

Se trata de un conjunto de poemas acompañado por imágenes de varios ilustradores: Paula Rivero, Osmar Sombra, Raquel Pumilla, Marta Arangoa; y completa el cuadro una fotografía de Juan Pablo Morisoli.

El evento, que se celebró el sábado 9 en el Salón de la Unión de Jubilados, comenzó con la brevísima introducción en la que el autor propuso una reflexión sobre los antagonismos con que se ha animado el devenir de la historia cultural. Mencionó la oposición entre lo dionisíaco y lo apolíneo (que atribuyó a tiempos pasados); y al presente asignó la división entre el espíritu utópico y el apocalíptico. La confesión no tardó en llegar: el poeta dijo identificarse con lo utópico y dionisíaco, simplemente porque, como el mito de Pandora consigna, la esperanza es lo último que se pierde. Y la poesía es, para él, la expresión más acabada de la esperanza. Un elemento redentor, restaurador, salvífico.

Luego se permitió develar el proceso interior que derivó en escoger el título “Un ademán de sol”. Entonces, relató que frente a los eventos que acostumbra a celebrar la Asociación Pampeana de Escritores con motivo del aniversario de un día doloroso como fue el 24 de marzo de 1976, surgió la idea. Pensó que tanto los poemas, como las intervenciones de otras artes que suelen montarse sobre cordeles en la Plaza San Martín, para un público igualmente activo y artísticamente sensible, eran “gestos luminosos”. Cálidos y luminosos gestos que se encauzan por la poesía y merecen la fórmula de “ademanes de sol”.

Este libro, el suyo, es para el autor uno de los ademanes luminosos que buscan la memoria y propagan la esperanza.

Más tarde, leyó varios poemas con ese estilo único que invita a escucharlo cada vez que las presentaciones ofrecen esta oportunidad. No es novedad el encanto de su declamación, nadie ignora el talento que lo hace también un recitador sobresaliente.

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El músico Ernesto del Viso le obsequió la musicalización sorpresiva de un poema e interpretó otras canciones. Lo sucedió Delfor Sombra, quien generó que el público cantara a viva voz, y el evento terminara en lo más alto del entusiasmo.

Ana María Lasalle, a quien la dedicatoria dirige el libro, estuvo presente entre los amigos del autor y el ambiente generó esa “Tibieza en la tibieza” que describe una reunión en torno de un mate en uno de los dieciocho poemas que componen el libro.

Como es habitual en las presentaciones de Morisoli, recibieron un ejemplar quienes participaron activamente en la construcción de la obra (ilustradores) o en la presentación. Después, un brindis y la invitación a sumergirse en una poesía optimista, a pesar de todo. (Ph: página Facebook Edgar Morisoli)

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