domingo 22 de julio del 2018

Cine de autor a la pampeana

Primer largometraje de la directora, guinista y actriz Guillermina Pico, en el que habla del amor.

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Dentro del ciclo de Nuevas Realizaciones Argentinas que comienza el jueves 5 de abril en Santa Rosa, rescatamos la ópera prima de la realizadora Guillermina Pico, cuyo imperativo título deja interesantes puntas disparadoras: “Borrá todo lo que dije del amor, porque no sabía bien quién era”.

La proyección tendrá lugar este sábado 7 en el cine Amadeus, en el marco de la VI Semana de NRA y será precedida por un cortometraje que tuvo gran aceptación, de la misma directora, “El pasito de onda”.

El ciclo, además, incluye proyecciones y estrenos tales como “Un viaje a la luna”, de Joaquín Cambre, con Angelo Mutti Spinetta, Ángela Torres, Leticia Brédice y Germán Palacios, y “El último traje”, de Pablo Solarz, con Martín Piroyansky, Miguel Angel Solá, Angela Molina y Natalia Verbeke.

Se pasarán, asimismo, “La Reina del Miedo”, “Recreo” y “Las Grietas de Jara”.

En “Borrá todo...” las orejas de los caballos se recortan sobre un amanecer cerrado. Una chica patina en rollers sobre el parquet de un departamento vacío. En una fiesta la gente canta a viva voz una canción. Vistas fugaces por la ventanilla del tren. En verano, dos hermanas compran un cedrón, cavan un pozo y lo plantan. Una chica gira mirando al cielo, graba la tormenta que está por venir. La chica mete la cabeza entre las plantas. Luego en un campo de trigo. Una fogata de cardos secos arde en el campo, mi papá vigila el fuego desde lejos.

Según su realizadora, Borrá todo lo que dije del amor porque no sabía bien quién era “es una película de proceso, de observaciones y notas sobre la belleza que tienen los instantes perdidos.”

Con una duración de una hora y dos minutos, en el film –en rigor, un documental- Pico se encargó de los textos, la imagen, el sonido, el montaje y la producción, además de dirigirlo. Las cámaras adicionales las manejaron Betta Cerioni y Gonzalo Castro, la mezcla de audio y la edición de sonido es de Catarina Apolonio y coordinó la post producción Tamara Azjentat.

Guillermina Pico nació en Santa Rosa, La Pampa, en 1985. Entre sus trabajos como directora se encuentran “Yo”, “Natalia”, “La piel dura”, “Un montón de pins” y “El pasito de onda”. Sus cortometrajes han sido mostrados y premiados en BAFICI, Documenta Madrid, L’Alternativa Barcelona, Kinoforum Sao Paulo, Festival Internacional de Uruguay, Bienal Arte Joven Buenos Aires y el Festival Internacional de Cali, entre otros.  

Estudió cine en Córdoba y Barcelona. Se formó como actriz y docente con Nora Moseinco. En Buenos Aires participó del Laboratorio de Cine de la Universidad Torcuato di Tella dictado por Andrés Di Tella y Martín Rejtman. En 2016 y 2017 participó del Robert Flaherty Film Seminar en New York.

Cuenta la realizadora, con respecto a la película, que “exploro la identidad personal; a través del género, las relaciones, la historia familiar y la profundización en los paisajes interiores.”

Lo íntimo aparece como eje central, contemplado en sus dos acepciones: lo íntimo en relación a otro, y lo íntimo como la cercanía a uno mismo, aquello que no se le dice a nadie, el paisaje interior de una primera persona y un discurso privado.”

La película rescata el poder de la vulnerabilidad y el proceso, no como un gesto o una temática, sino como un lenguaje en sí mismo, “como la forma adecuada para atrapar el tiempo que se escapa y la vida que sucede: una narrativa del espesor de la experiencia”, según las propias palabras de Pico.

Acerca del proceso que derivó en “Borrá todo...” cuenta que “empecé a filmar casi diariamente mucho de lo que vivía. Me fui a vivir a Buenos Aires a un departamento junto con mis hermanos que estaban estudiando. Hacía siete años que no vivía con ellos, desde que me había ido de mi casa para estudiar en Córdoba. Volví varias veces a La Pampa a ver a mi familia y durante varios años más seguí filmando ininterrumpidamente: la casa materna, cielos, caballos, jardines, mis hermanos, mis padres. Me acerqué a la superficie de todo, con el objetivo de meterme entre las cosas. Quizás sin darme cuenta usé la cámara como la herramienta que me permitió aclimatarme a una vida nueva, algo que mediaba entre las cosas que había dejado; las heridas abiertas y el amor filial. Una herramienta que me permitió redescubrir lo próximo. Grababa para mí, para un registro de necesidad personal.”