jueves 13 de agosto del 2020

De otro pozo

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"Milagro en la celda 7"

* Por Gisela Colombo

Milagro en la celda 7 es una película de origen turco que llegó a la plataforma de Netflix y generó un gran revuelo.

Se trata de un film estrenado en 2019, pero tiene un antecedente que procede de Corea del Sur y se proyectó durante el 2013. No obstante, fue ésta, la versión turca, la que fue amada por el público y consagrada con el imbatible boca a boca.

Cuenta la historia de Memo, un hombre adulto que carga con un retraso mental y quizá algunos problemas psicológicos. Su psiquis es la de un niño pequeño. Sin embargo, ha tenido una hija, Ova, a quien ama con una ternura que ya de por sí resulta emotiva. Padre e hija conviven con la abuela paterna en una vida muy simple. Pero un episodio lo cambia todo.

Memo es un simple boyero, un pastor. Un día Ova encuentra una mochila de la cual se enamora y su padre decide hacer los esfuerzos necesarios para comprársela. Cocina unas manzanas acarameladas y las vende hasta que junta el dinero. Pero al llegar a la tienda otra niña está llevándosela. Quien la compra es un Teniente General. Memo, desde su ingenuidad, les reclama el objeto como si fuera de Ova desde el momento en que decidieron comprarla. Horas después, Seda, la nueva dueña, encuentra a Memo y lo insta a seguirla hacia un acantilado. Él persigue la mochila que quisiera para su hija. El resultado es que se acercan peligrosamente a un despeñadero. Mientras Memo le advierte a la niña que no se aventure más, ella desobedece, cae, golpea con una piedra y pierde la vida antes de tocar el mar. Él, cándido y profundamente humano, ingresa al agua a auxiliarla y la carga en brazos, intentando convencerse de que sólo duerme. En ese instante, es hallado por los padres de Seda, quienes no dudan de que sea él su verdugo. Es acusado de asesino y llevado a un confinamiento en el que le hacen rubricar la confesión que él nunca habría hecho, grabando su huella digital al pie del documento. El resultado es que lo llevan a la prisión local y los reclusos de la celda séptima lo muelen a palos en principio.

Luego, conocen su condición, su ingenuidad, y comienzan a protegerlo, cada vez más seguros de que ha sido incapaz de matar, de esconder el crimen, de mentir...

Llega el juicio y lo condenan a muerte, sin que él pueda comprenderlo siquiera. Los compañeros de celda, hombres peligrosos de quienes no se esperaría nada bueno, llegan a estar tan enternecidos con la pureza de Memo que logran que, a espaldas del Teniente, dejen entrar en visitas fugaces a Ova a la celda. La niña y Memo contagian esa candidez que es la responsable de conmovernos del principio al fin de la película. Pero al margen de este milagro general, hay uno que resulta el climax, el punto más alto de belleza que tiene el film, y espera cerca del final.

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El ambiente de corrupción institucional, de discriminación e ignorancia, es vencido por un elemento más profundo de la experiencia humana. Ése es el núcleo del milagro y también lo que motiva la emoción intensa que despierta el relato.

Las actuaciones de ambos protagonistas, Nisa Aksongur (Ova) y Aras Bultu Iynemli (Memo) son admirables y el resto de los detalles contribuyen en dar el efecto que busca el film.

No hay derecho a perderse esta maravilla que nos recuerda que la búsqueda de la belleza a veces coincide con el hallazgo del Bien.