jueves 13 de agosto del 2020

De otro pozo

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"Poco ortodoxa"

* Por Gisela Colombo

Poco ortodoxa es una serie que ofrece Netflix desde los últimos días de marzo. Se trata de la historia de Esty Shapiro, un alter ego de la escritora Déborah Feldman, que relata la supervivencia de ella misma y del resto de las mujeres dentro de un grupo sectario de judíos ortodoxos de Brooklyn, Nueva York. El libro se llama Inortodoxa, el escandaloso rechazo de mis raíces jasídicas.

Lo que sucede en los primeros minutos de la serie nos convence de habernos transportado en el tiempo a varias décadas atrás. No obstante, no pasarán muchas escenas antes de que notemos que la acción está enmarcada en una realidad a mitad de camino entre EEUU y Alemania en el más inmediato siglo XXI. Es que el cruce de mundos diversos hasta la médula de sus filosofías, construye el contrapunto que nos obliga a ver semejanzas y diferencias.

Esty es una joven de diecinueve años a quien la comunidad ultraortodoxa decidió casar con el hijo de una familia por demás respetada, los Shapiro. El relato, que toma los múltiples raccontos del libro de Feldman, mezcla vida y arte; va y viene en un presente/pasado reciente. La ceremonia del casamiento es lo que abordan los flash backs y el medio por el cual se despliegan las creencias y la liturgia jasidista.

Allí, lo que pudo haber sido algo tradicional que reflejara la ceremonia matrimonial, es donde residen los detalles más jugosos. El jasidismo se exhibe, a propósito de la boda, a quien quiera conocer los conceptos, los rituales y la religión de una comunidad que no representa más que a una minoría y que ha prevalecido casi como una secta. El otro tiempo, el del relato, ocurre después de la huida de Esty hacia los orígenes de su historia familiar: la Berlín actual.

Un día de playa y el impacto de la protagonista al ingresar a una disco se vive como uno de los puntos más altos. Otro momento de clímax es cuando vemos llorar a Esty mientras le rapan la cabeza. Al parecer, en esta cultura extrema una mujer contrae nupcias y debe cambiar muchas cosas. Entre ellas, debe raparse el pelo, imagen de la feminidad, y esconder su calva bajo una peluca, o un pañuelo. El pelo, que nos parece un signo vital en la tradición occidental, simboliza lo mismo que la rotura de la copa en los matrimonios judíos: la clausura de la búsqueda romántica y de los apetitos sexuales para ceder paso al servicio procreativo.

Éste quizá sea el tema de la serie. El asunto de la sexualidad. El motivo está relacionado con el concepto de mujer dentro de la comunidad. Las mujeres todavía son consideradas, aquí como en la antigüedad ateniense, “máquinas de hacer hijos”. Y si por algo sufre Esty es por la incongruencia entre su función familiar y la expresión de su identidad personal.

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Resulta muy interesante ver los conflictos que esta cuestión trae entre los esposos. La inexperiencia sexual de él, fuera de las ideas inculcadas por la comunidad, dificulta mucho el descubrimiento de un ingrediente que tienen por naturaleza todas aquellas acciones que garantizan la supervivencia. Así como beber, comer y otras actividades humanas reportan placer y tal vez a eso debamos el hábito de realizarlas sin descanso, en las relaciones sexuales no debe ausentarse el ingrediente gozoso porque las posibilidades físicas del encuentro suponen la lubricación que hace fluir estas relaciones. Pero Esty ni siquiera las conoce. Dentro del grupo social se ha olvidado toda cuestión que no sea reproductiva en términos sexuales. Para ella, el momento de conexión obligatoria es una verdadera tortura.

Uno de los detalles más patéticos del asunto es la visita y asesoramiento que hace una profesional (no sabemos en qué) a la joven esposa. Las técnicas de respiración relajante y los juguetes sexuales que debe utilizar para ejercitarse durante el día acentúan la torpeza de los encuentros nocturnos. Y la comunidad, representada especialmente por la suegra, como si estuviera metida a la cama con ellos, discute con su hijo casi en tiempo real los problemas sexuales de la pareja.

El amor a la música es lo que salvará a Esty, quien ya oculta en Berlín, concursa para una beca de estudios musicales. La audición es el momento más emotivo de la serie y su resolución.

María Shrader, la directora, encabeza una producción de origen alemán.

El talento de Shira Haas, actriz israelita, fue asistido por un trabajo previo con el Yiddish, por el cual debió aprender el dialecto judío (mezcla de israelita, alemán y algunos elementos franceses y hasta italianos). Talento que se despliega también mediante una voz de cantante extraordinaria y una interpretación digna de quien posee las herramientas histriónicas muy bien desarrolladas. Para no perdérsela…