jueves 13 de agosto del 2020

De otro pozo

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“Amor, boda, azar”

* Por Gisela Colombo

“Amor, boda, azar” es una comedia romántica que ofrece una de las plataformas de streaming más populares.

La historia cuenta que Jack ( queda prendado de una amiga de Hayley, su hermana, en un viaje en que ambos coinciden.

Después de que el momento de climax romántico de la pareja queda arruinado por la fortuita aparición de un idiota del pasado, Jack se lamenta por su mala suerte y sigue con su vida. Tres años más tarde se presenta la alternativa de encontrarse en la boda de Hayley y Roberto, que ocurrirá en Roma. La llegada de un ex amante de la novia, Mark, especialmente inclinado a los excesos, desequilibra al padrino Jack y a la contrayente. Para acallar las posibles denuncias públicas de una infidelidad que perpetró la novia unas semanas antes con Mark, Jack recibe la misión de filtrar una droga somnífera potente en la bebida del amante. Lo que sucede es que unos niñitos traviesos cambian los carteles identificatorios de los invitados y la bebida intervenida termina en otro invitado. Una serie de consecuencias van complicando las cosas y exhibiendo la naturaleza de los conflictos de cada personaje. Pero en determinado momento un giro del relato nos regresa al juego de los niñitos y vemos otras posibilidades de resolución de los conflictos. La droga la bebe otro y la situación camina hacia otros problemas.

Se trata de un producto similar a la célebre “Cuatro bodas y un funeral”, aunque salvando las diferencias. Definitivamente no alcanza la efectividad de su referente aunque los escenarios romanos en que se mueve la acción, los detalles de vestuario, la luz diáfana típicamente italiana hacen del film un espectáculo agradable.

En el mismo género que “La boda de mi mejor amigo” tampoco consigue el vértigo que atraviesa el espectador acompañando las aventuras de Julia Roberts y su víctima Cameron Díaz. No obstante, sí logra el tono tragicómico que caracteriza a los clásicos de la comedia romántica. La sensación que transmiten personajes signados por la carencia es idéntica en los tres casos. Ninguno de ellos se siente completo. Viven en una aparente satisfacción que no es más que un silenciamiento forzado y una soledad en la que se encierran para sobrevivir en sociedad. Para no salir del target de “deseables” románticamente hablando. En fin, para no ser considerados fracasados. Pese a esa simulación, todos, en el fondo, se sienten un fracaso.

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Pero, contrariamente a lo que sucedería con otros géneros, jamás se asimila esa “carencia” a una realidad existencial. Bien podría darse un paso más y que el film cuestionara todos esos parámetros culturales que llevan al hombre común a la impresión de haber malgastado su vida. Nunca sucede ese cuestionamiento. La reflexión se detiene en la tibia miseria de la experiencia subjetiva de los personajes, por separado. Nadie se atreve a revisar si los objetivos impuestos por la cultura son o no son realizables, justos, etc. Mucho menos remontan hacia la antropología para preguntarse qué objetivos son inherentes a la naturaleza humana y cuáles meros engaños. Menos incluso se acerca hacia la reflexión filosófica. Y en ese detenerse en la reflexión reside la conservación del tono cómico, a pesar de todo.

Los problemas son enfocados por una luz hilarante, que quita dramatismo. El conflicto de Mark, que abusa un tanto de drogas y alcohol y fantasea con que Hayley lo ame; el tímido incorregible de Jack, al que la suerte le arrebata cada posibilidad de abordar a la mujer que ama; una novia infiel que trajina por evitar que el futuro esposo descubra su autodestructiva y absurda traición. Un inglés que inexplicablemente se disfraza de escocés para incomodarse con la fricción de sus genitales debajo del Kilt, durante toda la fiesta. Una ex novia que sigue atenta a su pasado mientras construye un futuro que no desea… Todo ello se presenta para plantear una tesis.

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¿Qué importancia tiene el azar en la vida humana? Por ello, al promediar el relato se produce un giro y vuelve la acción al momento en que ingresa la potencia del azar. Allí comienza una segunda resolución. “Si la suerte quisiera en cambio que los niños alternaran las identificaciones de otro modo, ¿qué pasaría?…” parece que nos dijera.

En algún punto la película se acerca en su narrativa al concepto cuántico que plantea que las posibilidades conviven como realidades paralelas virtuales hasta el momento de la definición. Pero el film decide tampoco ocuparse de ello, como conviene a una comedia light. Es, a lo sumo, un rato de entretenimiento que puede hacernos pensar en nuestra propia suerte, si somos capaces de independizarnos de lo anecdótico y lo liviano del género.