jueves 13 de agosto del 2020

De otro pozo

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“Legado en los huesos”

* Por Gisela Colombo

Los mismos datos estadísticos que maneja la plataforma de streaming más popular señalan que “El guardián invisible” y su continuación en la Trilogía de Baztán, “Legado en los huesos”, son algunas de las producciones fílmicas más vistas en los últimos tiempos.

Se trata de dos películas dirigidas por Fernando González Molina, cuyos guiones se inspiran y recrean dos novelas de las tres que componen la “Saga de Baztán” de Dolores Redondo. El conjunto completo son tres novelas policiales negras con un interés particular en la magia y una suerte de secta demoníaca. La primera es “El guardián invisible”. La segunda, a la cual destinaremos esta columna, es “Legado en los huesos”. Y la tercera, que por lo visto ya conoceremos como película, se titula “Ofrenda a la tormenta”.

Marta Etura (Amaia Salazar), Leonardo Sbaraglia (el juez Markina) y Carlos Librado "Nene" (Jonan), Imanol Arias (Padre Sarasola) ponen el cuerpo a los personajes. El guión pertenece a Luiso Berdejo.

Los hechos que se narran cinematográficamente ocurren en un pueblo situado en un valle de Navarra, donde una especie de secta demoníaca muy antigua impone a la investigadora de la policía Amaia Salazar la resolución de un caso que finalmente revelará su relación familiar con alguno de los implicados pero también con alguna de las víctimas.

La detective es convocada a resolver el hilo de una serie de suicidios en los que participa la firma en sangre de un personaje legendario y quizá hasta mítico llamado “Tárttalo”. El nombre deriva de la mitología vasca, en la que se nombra así a una especie de sátiro antropófago y sanguinario. De la investigación se trata el texto y la película, aunque la implicancia personal de Amaia introduce su experiencia como parte de la investigación.

El juez (Sbaraglia) no pierde oportunidad de darle apoyo laboral a la detective como un modo de expresar sus pretenciones románticas, aunque ella es una mujer casada y acaba de tener un bebé. Su esposo, angloparlante, es un padre presente y en su abnegación encarna los remordimientos de su esposa por trabajar fuera cuando hay un niño por criar. Las miradas y los silencios de él desnudan la culpa de ella.

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El entramado entre el trabajo y la vida personal de la protagonista, visible desde la primera escena en que está con un embarazo bien avanzado dentro de un tribunal, hace ágil el relato, aunque no deja de ser un recurso poco original en el cine.

El tono y la estética de la película son característicos del policial comercial de los países del Norte. Quizá por eso se introduce el elemento inglés en la figura del esposo de Amaia.

Imágenes opacas oscilan entre los interiores de casas con siglos de antigüedad, hechas de pura piedra y con techos altísimos, y el bosque, el río, las cuevas descoloridas. La lluvia en casi todo momento oscurece también la sensación del espectador que no tiene mayor expectativa que ver la resolución del caso, sin que Amaia pierda en ello su vida.

El punto más alto del uso del entorno natural se da en una inundación durante la cual se vive el clímax del film.

Hacia el final, se sugiere por medio del propósito de seguir investigando que confiesa la detective, la llegada de la próxima entrega de la saga.

Las dos primeras películas se rodaron al mismo tiempo en Elizondo. No sabemos dónde continuará la tercera, ni en qué locación se filmará. Habrá que esperar un poco para conocer esos detalles…