martes 27 de octubre del 2020

De otro pozo

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“Historia de Dios”

* Por Gisela Colombo

Existe una serie documental producida y conducida por el actor estadounidense Morgan Freeman, que sorprende por el perfil de actor taquillero que es. En rigor, la producción pertenece a National Geographic, aunque él también es el creador y productor ejecutivo. La producción se titula “Historia de Dios” y fue estrenada en 2016 la primera temporada, que consiste en seis episodios de temática variada en torno del asunto de Dios. Cada uno dura aproximadamente cuarenta minutos.

Más tarde se rodarán la segunda y tercera temporada sin apartarse demasiado de la tónica y los asuntos de esta primera, que es interesantísima. Quizá no lo sea para un estudioso más que una curiosidad de difusión, pero es un modo de promover el ejercicio filosófico que rescata las preguntas fundamentales de la vida, las mismas que suelen ser tan universales que atraviesan siglos y geografías.

El conductor contagia su propia fascinación y lo hace sin perder jamás la humildad con la que busca. Los documentales parten de una duda que ha de tener cualquier hombre. Esos cuestionamientos que han ocupado por milenios a los sabios de cada época, que han sido objeto de la filosofía, la historia de las religiones y varias disciplinas de la ciencia.

Pero, contrariamente a lo que esperaría de un programa sobre Dios, no hay en la postura y en la perspectiva del conocimiento recorrido, identificación con una fe confesional. No se privilegia una sola de las muchas culturas y religiones que se estudian para cada uno de los temas tratados.

Tanto vemos a un representante del hinduismo o del budismo, como recorremos Tierra Santa, visitamos el Valle de los Reyes en Egipto o una Iglesia protestante en 2015 en Los Ángeles, EEUU.

La perspectiva desde donde se construye el relato es sin dudas de corte científica. Desde la objetividad que promueve el discurso de la ciencia, el relato gana en mesura y nos sitúa como sujetos críticos no dispuestos a dejarnos seducir por el proselitismo en favor de unas civilizaciones u otras, de una confesión u otra. En el fondo, lo que logra es un sondeo antropológico que nos deja frente a frente con la naturaleza humana más allá de las razas, de la geografía, de los idiomas y creencias.

De tal modo, lo más característico coincide con la metodología investigativa de algunas ciencias sociales. Hacia el final de cada episodio uno siente que ha recorrido un libro de difusión impreciso que busca despertar curiosidad en estos temas sin pretender agotar en absoluto el estudio. Las conclusiones suelen ser recomendaciones prácticas para mejorar la experiencia, nunca teorías acabadas, de lenguaje académico, ni cosa similar.

Para disfrutar esta creación no es requisito adherir a religión alguna. Más allá de las creencias, es posible percibir la comunión ecuménica que tiñe el espíritu de los filmes.

Es oportuno decir que tampoco supone un espectador culto o versado en temas filosóficos, en lenguaje específico ni en ningún otro saber.

En esta primera temporada, están disponibles los programas dedicados a:
1 La Muerte
2 El Fin (Apocalipsis)
3. ¿Quién es Dios?
4 La Creación
5 El Mal
Y
6 Milagros.
Mi recomendación esta vez es el episodio que recupera la polémica histórica sobre la Naturaleza del Mal (5). La reflexión que ha buscado responder por qué, si un Dios Creador infinito y todopoderoso lo creó todo, permitió la existencia del mal. 

Ver el documental es en sí mismo un ejercicio de interiorización, meditación y contemplación creativa. Experiencia más que recomendable.