DE OTRO POZO

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“El desorden que dejas”

* Por Gisela Colombo

Diciembre puso a disposición en Netflix una producción propia, rodada en España cuyo título es “El desorden que dejas”. Se trata de una serie que en esta primera temporada suma ocho episodios de, aproximadamente, cuarenta minutos de duración y responde a las características específicas del thriller.

Si obviamos que se trata de otra producción de Carlos Montero, quien aquí funciona como director y guionista, además de ser quien dio a luz esta ficción literaria premiada en un Certamen de renombre, estamos escondiendo lo más atractivo.

En efecto, el novelista, que ha logrado un gran éxito con la novela que lleva el mismo título, ha adaptado lo escrito a un guión cinematográfico y lo ha llevado al lenguaje de las series, como ya lo había hecho en “Élite”. El hombre se desempeñó como guionista de valor para la industria y aquí conjugó ese oficio con el de dirigir, y el de haber escrito el texto original. No son muchos los que podrían superar semejante desafío. Pero, en este caso, lo logra.

Raquel, una profesora de literatura que se recupera después de un trauma provocado por la muerte de su madre, se radica en un pueblo de Galicia de donde es originario su esposo, para desempeñarse como docente secundaria en una escuela modelo. Tarde descubre que la contrataron porque la profesora anterior tomó la decisión de acabar con su vida.

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El interés que despierta en Raquel (Inma Cuesta) ese final corre a la par de una cuestión siniestra. En principio, entre los exámenes de diagnóstico que toma a los estudiantes, se encuentra con un folleto en el que aparece la foto de su predecesora en el cargo, bajo la leyenda de “Desaparecida”. En el reverso, una letra manuscrita inquiere algo así como: ¿qué tanto tardarás tú, en encontrar la misma muerte? Esta amenaza sirve de advertencia para que conozca de entrada los peligros a los que se enfrenta.

En las jornadas siguientes, alguien del curso captura de las redes un video de contenido sexual cuyos protagonistas son Raquel misma y un amigo de su esposo con quien tuvo un romance furtivo. Con el video en mano, aparece la extorsión, que suena sumamente seria por los acontecimientos recientes, pero absurda por lo que le piden a cambio de guardar el secreto. Por ejemplo, que proponga como consignas de nueva evaluación una serie ridícula de preguntas. En este sentido, se desnuda un poco la psicología adolescente, a horcajadas entre la niñez y la vida adulta. A partir de la amenaza permanente de los mensajes acosadores, Raquel deja de dudar, y se aplica a investigar de lleno los hechos que llevaron a la muerte de Varuca (Bárbara Lennie), la antigua docente. Así se despliega toda la trama del thriller, como si se tratara de uno de los textos de Ágatha Christie, que se refieren en clase.

De tal modo que, en una alternancia permanente e inexplicada, se introducen en el relato las vicisitudes de la docente fallecida, en sus últimos días de vida, que es precisamente lo que Raquel investiga. Profesora de letras también, Varucatiene un modo heterodoxo de dictar sus clases, modoque apela a la sensibilidad y emoción más que al intelecto de los chicos. Quizá por eso produce una revolución en la vida de varios. Mientras tanto, un problema económico provoca su determinación(en acuerdo con Mauro, su esposo) de vivir algunas experiencias reprochables para conseguir el dinero. Lo cierto es que acaba enredada en un submundo complicado y en una relación indebida con un menor de su clase, que al fin la llevarán a la muerte.

Promediando la miniserie una escena que cruza a ambas mujeres de modo azaroso unos meses antes de los acontecimientos, desnuda la clave. Raquel será, amén de sus miedos, quien tome la posta de Veruca y resuelva los hechos. El encuentro es en una clínica donde ambas están acompañando la convalecencia de sus madres, como si en ello fuera la sugerencia de que ambas figuras se espejan mutuamente.

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Es notable el talento de quien trazó la historia y muy satisfactorio todo lo que se relaciona con los paisajes y la música. La fotografía, pálida, como conviene a las últimas producciones españolas, recuerda las tiras nórdicas, que tienen esa falta de color característica.El vestuario aparece menos como una herramienta estética que como un testigo de los estados de abandono al que llegan los personajes. Especialmente el de Raquel.

Carlos Montero, el escritor, guionista y director, ha dado pruebas de ser un descubridor de figuras, como lo certifica el hallazgo hecho para Élite, y repetido aquí, de Arón Piper (Iago). Los actores consagrados como Bárbara Lennie (Varuca), Inma Cuesta (Raquel), Roberto Enríquez, Tamar Novas, entre otros, no pusieron a prueba esa capacidad del director porque desplegaron un excelente desempeño actoral, sin dudas animado por la experiencia, además del talento.

“El desorden que dejas” es, por tanto, una miniserie interesante que presenta, desarrolla y resuelve bien, en sólo ocho episodios que valen la pena. Lo cual no significa, (¡tranquilos los fanáticos!), que no lleguen pronto nuevas temporadas. ¿Quién sabe?