DE OTRO POZO

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Equinox

* Por Gisela Colombo

“Equinox” es una serie danesa que fue estrenada en diciembre de 2020 por streaming. Se trata de una especie cercana al thriller y funciona como una investigación criminalística propia del género policial clásico. El investigador, como conviene a esta etapa de reivindicación femenina, es una mujer llamada Astrid (Danica Curcic) que cargó con problemas psiquiátricos–o los que parecían serlo– desde los nueve años de edad. Fue entonces cuando la desaparición de su hermana Ida detonó una serie de pesadillas y visiones inexplicables. Precisamente a descubrir circunstancias y causas de esa ausencia que Ida comparte con veintiún alumnos más de su promoción, se ordena el relato. Todo ocurre en circunstancias del festejo por la graduación. Lo cierto es que la madre de Ida temía desesperadamente ese viaje celebratorio y su presagio se cumple.

A medida que va avanzando la historia, se desarrollan alternativamente dos tiempos: uno enmarcado en los últimos meses antes de la desaparición de los graduados; y otra, la actualidad en la que Astrid, la hermana menor –ahora una adulta– va descubriendo los hechos ocurridos décadas atrás.

El nombre de la tira se relaciona con un concepto astronómico, el equinoccio, el momento en que el día y la noche tienen idéntica duración. En ese tiempo ritual cierto sincretismo nórdico entre el cristianismo y las ferias paganas en honor al comienzo de la primavera, se dan cita.

La antropología bien consigna las prácticas religiosas primitivas. Esas creencias suelen coincidir en una medición del tiempo por ciclos estacionales que fugan y se regeneran una y otra vez, perpetuamente. La primavera es el periodo que da inicio al ciclo y el invierno, siempre identificado simbólicamente con la muerte, el último. Pero, como las estaciones del año, después de la caducidad, sobrevendrá una nueva primavera. En este sentido, la circularidad plantea una muerte y resurrección de todo aquello que vive.

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Esos rituales se festejaron desde tiempos prehistóricos en diferentes variantes por casi toda Europa.Lo que toma de ellos esta ficción es la manifestación del sincretismo por medio de una leyenda. La del Conejo de Pascua, que no tiene asiento en ningún texto bíblico. Tardía, quizá datada en la Edad Media, aparece la explicación que combina la doctrina cristiana con la figura del conejo como símbolo de fertilidad (creencia de origen pagano). No es novedad este proceso, las fiestas paganas quedaron enmascaradas detrás de la liturgia, desde que Europa convirtió el dogma de Cristo en religión oficial.

La leyenda que resolvió este dilema narraba que, al morir Cristo, José de Arimatea depositó su cuerpo en el Santo Sepulcro sin advertir, cuando sellaba la abertura, que había una conejera y un conejo que fue testigo y testimonio de la victoria de Jesús sobre la muerte. El animal, imagen profana de la primavera y su fertilidad, se tornaría mensajero y metáfora de la resurrección y vida eterna prometida por el cristianismo.

Astrid irá develando ese sustrato cultural convertido en una especie de secta mistérica de ritos dionisíacos donde la animalidad y el sexo ritual prevalecen. Pero entonces dejará de ser una espectadora para convertirse en un agente activo y determinante en la resolución del problema.

El asunto se detiene en los problemas psíquicos y el origen familiar de los hechos, sin profundizar ni arrojar explicaciones que dejen claras las creencias supuestas en el argumento, o el plano filosófico de la tira. Eso es, sin dudas, un empobrecimiento del relato que acaso podrá subsanarse en nuevas temporadas.

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La estética pálida nórdica de la que hemos hablado ya en “De otro pozo”, instala en el imaginario del público el paralelo con otra serie fantástica célebre: Dark. Sin embargo, la efectividad de una y otra las distancia considerablemente.

La condición de inconclusa de la ficción en términos argumentales no permite vislumbrar la profundidad con que se desenvolverádespués de finalizar la primera temporada. Aguardaremos a las próximas para mensurar el equilibrio y el ritmo narrativo logrado. “Equinox” es atrapante y promete, aunque definitivamente no resulta, por el momento, una historia redonda.