DE OTRO POZO

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"Vivir sin permiso"

*Por Gisela Colombo

“Vivir sin permiso” es una serie española estrenada en 2018 y consta de dos temporadas. La primera, son trece capítulos de alrededor de una hora de duración. La segunda temporada consiste en diez episodios más.

Rodada completamente en Galicia, utiliza los paisajes, especialmente la costa del Mar Cantábrico, como un ingrediente fundamental. Es que la tira gira en torno de la vida de Nemo Bandeiras (José Coronado), el empresario más influyente y rico de la región, cuya fortuna llegó precisamente por mar, en forma de contrabando. En principio, de tabaco, pero luego serán los frutos del tráfico de cocaína desde América el que le granjee la opulencia en que vive.

El hombre está casado con una mujer apodada “Chon”, que está obsesionada con que su hijo varón suceda al padre en las empresas. Y el desencadenante reciente es el diagnóstico de alzhéimer que recibe Nemo y lo impulsa a buscar sucesor antes de que sus capacidades intelectuales se deterioren al punto de olvidarlo todo.

Nemo tiene tres hijos, Carlos y Nina, hijos de Chon; y una hija extramatrimonial llamada Lara a quien quiere conquistar, después de años de abandono. Ada, que permanece en coma, es su madre, a quien Bandeiras dejó para casarse con Chon, hija de un hombre rico. Además de sus hijos, Nemo tiene como ahijado y mano derecha a un abogado joven (Alex González) llamado Mario Mendoza, que es hijo de un amigo, al que crió y preparó para sucederlo.

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La búsqueda de sucesor ocupa los primeros episodios de la serie, cuando en realidad siempre le ha prometido a Mario ese lugar, porque las habilidades de negociación, la capacidad de resolver situaciones problemáticas y el conocimiento profundo que tiene del negocio inclinan la balanza. Pero llegado el momento, inexplicablemente, lo corre del listado, para tentar a sus dos hijos. Nina es dueña de una galería de arte y en principio no está interesada en dirigir “Open Sea”, el holding de la familia, aunque luego se embarca en el plan cuando Mario, en sus intrigas, logra arruinar su reputación y la obliga a considerar la oferta y comenzar a trabajar en ese propósito. Carlos, el hijo, es un personaje aniñado, enfocado en su vida amorosa con Alejandro, y en su adicción a las drogas, la juerga nocturna y los conflictos con su hermana. Pronto quedará claro que no muestra el temple necesario.

La incorporación en la segunda temporada de dos cárteles (colombiano y mexicano) acelera la acción y aumenta los riesgos que corre la familia durante la primera.

La dirección tiene muchos aciertos novedosos, sin tornarse jamás extravagante.

La estética es maravillosa, pero si algo tiene de superior a muchas otras producciones de su especie es la seriedad con que Manuel Rivas, el autor original de la obra literaria y Aitor Gabilondo, creador y director de la tira, diseñaron el guión. La cantidad de conflictos que se van sucediendo no pierde el eje jamás. Los diálogos son inteligentes y tienen esa crudeza tan propia de la literatura española.

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Es un producto con sustancia, muy bien realizado, muy bien actuado, aunque algunos personajes de la segunda temporada caigan en estereotipos que podrían haberse evitado. El actor que interpreta a “Carlos” también parece algo hiperbólico al componer un homosexual caricaturesco. Quien interpreta a quien finalmente se manifestará como la protagonista femenina es Claudia Traisac. Ella y la actriz Pilar Castro (Chon) también dejan bien parada a la escuela española en cuanto a lo actoral.

Con realismo, la serie nos cuenta una historia muy atrapante. Después de veintitrés capítulos de una hora, el espectador quedará, de todos modos, con ganas de más.