DE OTRO POZO

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"La excavación"

* Por Gisela Colombo

Recientemente Netflix puso a disposición de su público una película que figura entre las primeras más vistas en streaming, tanto en Argentina, como en otros tantos países.

Se trata de un drama de época basado en hechos reales, al que titularon “La excavación”. El hallazgo arqueológico de uno de los tesoros más antiguos que se desenterró en territorio británico. El descubrimiento, ocurrido en 1939, muy cerca del inicio de la Segunda Guerra Mundial, fue primeramente documentado y ficcionalizadoen una novela de 2007 escrita por John Preston. Ese mismo relato fue adaptado a un guión cinematográfico y rodado en 2020. La película incluyó algunos detalles que no existieron en los hechos históricos, siguiendo la ficcionalización de Preston. Son las exigencias de una producción que debe contemplar los gustos e intereses del público más amplio que se pueda, aunque en ello relegue parcialmente el rigor histórico.

Edith Pretty (Carey Mulligan), que perdió a su esposo y vive con un hijo pequeño, se siente muy interesada en investigar unos montículos curiosos que posee su propiedad. Con ese propósito contacta a Basil Brown (Ralph Fiennes), un arqueólogo autodidacta que hacía algunos trabajos para el museo local. El hombre, experto en excavaciones de este tipo, se muda a las tierras de la viuda y comienza a remover los promontorios minuciosamente. Y no lo hace sin riesgo, por las escasas condiciones de seguridad profesionales que brinda el sitio. Brown no es un arqueólogo egresado de universidad alguna, pero sí un idóneo con una vasta cultura además de conocer profundamente las técnicas de la excavación con estos fines. Los obstáculos no son pocos. Dueña y excavador tendrán que resistir a las presiones que ejercen los especialistas del museo local, que sin dudas desprecian la labor porque la cumple un hombre que no proviene del mundo académico.

Brown plantea desde un inicio que esas ondulaciones del paisaje son tumbas muy antiguas. Incluso arriesga el barrunto de que no pertenecían a los vikingos sino a un grupo racial anterior. El de los anglosajones, que durante siglos se consideraron salvajes, sin ciencia ni técnica artística.

En este prejuicio consiste la importancia del descubrimiento hecho en 1939. Si hasta allí la historiografía afirmaba que los años que van desde la Caída del Imperio Romano hasta la llegada de los vikingos en el siglo IX se dio una etapa casi sin escritura, tiempos de guerra en que no había actividad artística, a partir de Sutton Hoo, la visión sobre la historia cambiaría y mucho. Este hallazgo revolucionó esas ideas aceptadas dócilmente durante siglos y los “años oscuros” como le llamaban los británicos a ese periodo medieval, dejaron de serlo. Los anglosajones se revelaron como una civilización mucho más sofisticada de lo que se creía.

Los tesoros hallados por Brown acreditaron el error.

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Y gracias al tesón y la pasión que caracteriza al investigador, es que logran el gran hallazgo. Lo que hay bajo tierra es un barco completo. Una nave funeraria, repleta de objetos de orfebrería, herrería, ebanistería, etc. Pasa a registrarse mediante el descubrimiento de Brown una tradición que comenzaba a estar en desuso y que consistía en construir grandes túmulos en los que se soterraban los príncipes fallecidos con gran parte de sus pertenencias de mayor apego. Un barco, por ejemplo.

El film retoma estos sucesos y lo enfoca desde los ojos de los dos protagonistas, Edith y el excavador.

Con extremo cuidado, el director construye la atmósfera característica del cine de época inglés, con su equilibrio estético y un ritmo cadencioso que no abunda en palabras pero tampoco torna lento el film. El resultado es agradable, sin dudas. Aunque una historia amorosa que no forma parte de los hechos reales, y se incluye en el relato le quita tiempo y profundidad al recorrido de la investigación. Este hecho deja un poco desdibujado lo que debió haber sido apasionante de otro modo. Ni la puesta en contexto medieval, ni las discusiones sobre el estado de la cuestión y las teorías vigentes en el momento del hallazgo, se ofrecen al espectador.

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Y el conflicto flaquea, convirtiendo el relato en una simple descripción de los hechos a vuelo de pájaro, ya de por sí viciados de inexactitudes y detalles ficcionales. Los personajes no terminan de afianzarse a pesar de estar en manos de actores admirables. La reconstrucción histórica de vestuarios, las locaciones, la música y el ritmo del relato componen un espectáculo atractivo, es cierto. Pero es difícil que acceda a mayor logro que el de despertar la curiosidad de los espectadores para que busquen información sobre Sutton Hoo, fuera del film. Porque es un producto prometedor y estético, perofinalmente se declara sin norte.