viernes 25 de septiembre del 2020

“Es una oportunidad gigante de mostrar lo que se hace por acá”

viviana_dal_santo.jpg
Viviana Dal Santo participa por estos días del III Simposio Internacional "Mujeres en la Música: tejiendo redes de sororidad" organizado por la Universidad de Costa Rica, donde presentará su disco "Eco de mi voz".

Este Simposio busca reclamar las historias de la música y el arte, y con ello visibilizar lo que ha sido soslayado: el aporte de las mujeres a la composición e interpretación musical y a la propia historia.

Desde 2017, se inició con esa idea la aventura del Simposio Internacional de Mujeres en la Música, porque “somos nosotras las que hemos estado creando los espacios para poder intercambiar, compartir, apoyarnos, tener voces y tener quién nos escuche. Donde no hay espacio o se restringe, hay que hacerlo. En realidad por eso fue que empecé con el proyecto, no había dónde”, explicó la fuerza detrás de la organización del Simposio, la flautista, musicóloga y docente de la Escuela de Artes Musicales (EAM) de la UCR, Tania Camacho, quien se echó al hombro la iniciativa desde un inicio, siempre con el apoyo de un valioso pero cambiante grupo de cómplices.

El III Simposio Internacional Mujeres en la Música: Tejiendo redes de sororidad se llevará a cabo por videoconferencias entre el 29 de julio y el 1 de agosto, a pesar del coronavirus y el confinamiento.

Telón Pampeano conversó con la pianista y compositora santarroseña Viviana Dal Santo sobre su participación en este gran acontecimiento musical.

- ¿Cómo llegaste hasta ahí?
- En realidad, es un Simposio que se hace desde hace algunos años, desde la Universidad de Costa Rica, pero debido a la pandemia, es la primera vez que se hace en forma virtual. Lo vi en una publicación en redes sociales y envié mi propuesta de Presentación de disco, y me seleccionaron.

- ¿Qué significa para vos esta oportunidad?
- Como en todas las actividades que se vienen desarrollando en este contexto tan particular, es un desafío distinto y grande, porque la virtualidad exige otras maneras de hacer las cosas, otras formas de llegar a la gente que te escucha, una atención más concentrada en ser más clara, más específica y más directa, que si estuviera en vivo y en persona. Mientras que las presentaciones del disco en distintos lugares han consistido en un concierto público y una presentación oral al público acerca de proceso, desde el inicio hasta que tenés el disco en mano, esta vez deberemos conversar, explicar y hacer escuchar parte del repertorio a través de la pantalla y con una distancia de miles de kilómetros, en algunos casos. Sin embargo, desde el punto de vista artístico, es una oportunidad gigante de mostrar lo que se hace por acá también, no sólo en referencia a mi música como compositora, sino también al trabajo de los músicos que tocan en el disco, a quienes grabaron, a quienes se dedicaron a la gráfica y a quienes participaron en los costos y en la distribución. Me refiero a Martín Peluffo, Camilo Sanchez, Vero Baraybar, Silvano Fuentes, Juan Cruz Portillo y Enzo Ludueña entre los músicos, a Fede Camiletti y Mauri Ponce como técnicos, a Miguel Sanchez en el diseño y a Editorial Voces (especialmente Alberto Acosta) y a INAMU. Es un gran y hermoso desafío que disfruto mucho.

- ¿Estás dedicándote a componer este año?
- Sí, mucho! Especialmente este último tiempo, en que aproveché las vacaciones de invierno y la cuarentena precisamente para hacer cursos virtuales, en los que aprendí muchísimo. En algunos de ellos, la tarea final era componer sobre lo trabajado. Es así como compuse obras para coro de niños y de mujeres que serán interpretadas en México y otros proyectos que todavía no terminé. Además, terminé una obra para grupo vocal que será estrenada, cuando todo pase, en La Plata. La gran cantidad de cursos que surgieron debido a la imposibilidad de la presencialidad fue un incentivo para mí y, por suerte, pude aprovecharlos!

- ¿Cómo te tocó la pandemia y la cuarentena? ¿Qué aspectos de tu vida se modificaron?
- En un primer momento me produjo preocupación, especialmente por todos los proyectos que quedaron inconclusos. Por supuesto que también hubo una preocupación por los enfermos y las muertes que ocasionó la pandemia, pero respondo a nivel estrictamente personal. Los artistas necesitamos el contacto con el público, y las personas necesitamos la socialización. Sin embargo, en todo momento pensé que tengo una situación bastante privilegiada, en cuanto a un hogar, calefacción, comodidad, comida, trabajo y salud, además de la posibilidad de seguir haciendo todo lo que me gusta desde mi casa. Por lo tanto, me sentiría egoísta en la queja. Sí se modificaron horarios, rutinas, formas de desarrollar mi trabajo como docente. Pero si esto planteó la vida y mi situación es la que acabo de comentar, no pude ni quise quejarme desde el comienzo de la cuarentena hasta ahora e intenté aprovechar las posibilidades que hubo de la mejor manera posible. La imposibilidad de ver amigos y familia o hacer ensayos es, creo, lo que más nos afecta a todos, y a mí también. Creo que ese fue el mayor cambio en mi vida en este tiempo, y lo que más me afectó.