Este jueves 1 de octubre, el Teatro Español de la capital pampeana será sede de la 32° edición del festival Guitarras del Mundo. La cita es a las 20:30 hs, con entrada libre y gratuita.

En esta oportunidad, el escenario santarroseño recibirá a los reconocidos maestros Pablo Ucelli y Gabriel Lombardo. Además, la velada contará con la presentación especial del Ensamble de Guitarras del CREAr, dirigido por el profesor Atilio Abarca e integrado por los estudiantes Franco Molina, Juliana Bregani, Maximiliano Torres, Agustina Borzi y Maia Fresco, junto al egresado Ignacio Godano.

Se trata de un proyecto de la Asociación Guitarras Argentinas y el Consejo Directivo Nacional de UPCN, que es organizado en la provincia por UPCN Seccional La Pampa, con el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Santa Rosa y la Secretaría de Cultura del Gobierno de La Pampa.

En la previa de este destacado encuentro cultural, conversamos con Gabriel Lombardo. La nota explora el vínculo íntimo y colectivo con la música a través de la trayectoria del compositor y guitarrista, abordando desde sus primeros contactos con el instrumento hasta el impacto político y social de la gestión cultural en Argentina. Destaca el carácter federal del Festival Guitarras del Mundo, al llevar la guitarra solista y expresiva a comunidades de todo el país. Celebra la participación de organizaciones gremiales en la producción de eventos culturales, y reafirma la idea de que la cultura construye sociedad y genera espacios alternativos de reflexión.

LA CULTURA CONSTRUYE SOCIEDAD
-¿Cómo te encontraste con la guitarra y qué significó descubrir ese universo?
-Mi encuentro con la guitarra… Si bien fue a los 7 u 8 años que fui a tomar unas clases de guitarra, pero no fue ahí que tuve el encuentro con la guitarra. El encuentro con la guitarra fue unos años después, a los 10 años aproximadamente. Creo que fue en una clase de música de la escuela. Estaba en quinto grado, y vi que el profesor tocó la guitarra y algo de eso me gustó. Se ve que tocaba bien, no me acuerdo. Y cuando llegué a casa, descubrí que en un armario había una guitarra, que era algo que no sabía que estaba o no lo había visto. Esa guitarra estaba un poco rota, y de ahí no me no me separé más. Fue encontrar un lugar de intimidad, de juego, un lugar propio. Después algo que compartí con amigos, y luego fue una forma de sublimar, de transitar algunas situaciones también dolorosas. Un refugio, eso es lo que estaba tratando de decir. Y después un lugar por donde salir al mundo, porque yo ahí comencé también a componer y aparece todo el desarrollo artístico. Pero el encuentro con la guitarra fue ese, digamos. Fue algo íntimo, después social, luego un refugio, también un lugar para liberarme, un lugar de contención. La guitarra representa una compañía inseparable.

-¿Qué influencias podrías destacar en tu formación: maestros, escuelas, etc.?
-Como maestros, tengo varios. Podría mencionar así, más del jazz, a Ricardo Lew, y después a Javier Bravo, en el Conservatorio de Música Astor Piazzolla de la Ciudad de Buenos Aires, con quien terminé, digamos, la carrera. Y descubrí ahí también la guitarra clásica, la guitarra solista. Está la posibilidad de la autosuficiencia de la guitarra, de tocar melodías y armonías al mismo tiempo que nos da mucha independencia también para jugar y explorar la música.

Y las influencias, bueno, son un montón: Pat Metheny, Julian Bream, Eduardo y Juan Falú, Leo Brouwer. Después de la música en general, donde desarrollé también una carrera como compositor, de escribir para grupos u orquestas; y ahí entran otros músicos en una perspectiva más amplia. Pero dentro de la guitarra, esos referentes creo que son los primeros que me salen y por algo será.

-¿Cuánto hay de mito entre el guitarrero, como se denominaba Paulino Ortellado (autodidacta), y el guitarrista, que estudió en la academia?
-Yo no le llamaría mito. Me parece que es una realidad que forma músicos. El músico se forma diferente si entra en contacto con la música en su edad temprana, en el ámbito familiar, porque viene de familia de músicos, y entonces la música forma parte de la cotidianidad, el quehacer musical. Se junta a tocar con el padre, con el tío, con el hermano y eso es la vida, ¿no?, lo cotidiano. Ahí se va desarrollando un perfil, una manera de hacer las cosas, una manera de entender la función social de la música también, y una manera de aprender sobre la música haciendo. Creo, entre paréntesis, que la música, como es un oficio, se aprende haciendo. O sea, no existe aprender música sin hacer música, para mí.

Y el que no tiene esa posibilidad y esa cercanía desde la cotidianidad, el ámbito más cercano con la música y no viene de familia de músicos y no tiene contactos, va a aprender, digamos, a la institución, y se encuentra con algo más escolástico, occidental, con una metodología. En ese formato también aprende a leer la partitura. Creo que ambos músicos se forman de manera muy diferente y van a ser músicos distintos.

No es un mito. El desafío es mezclar un poco esos dos mundos y hacerlos complementarios, ¿no?, que el orejero desarrolle a partir de las herramientas que propone la música académica o el saber más sistematizado desde lo técnico, ampliando todo ese bagaje intuitivo que ya trae. El otro tiene el desafío de desarrollar toda esa intuición que lo va a llenar de libertad y de juego a la hora de hacer música. Entonces, el músico intuitivo, el orejero, va a tender a jugar, a improvisar, también va a cumplir un rol social y un rol con la guitarra mucho más satisfactorio y completo. El otro va a tener un desarrollo técnico tal vez más avanzado, más pulido, va a acceder a repertorios de otros lugares y de otras épocas, pero va a estar en deuda también en los eventos familiares. Es decir, en cuanto quiera improvisar no se va a perder y no va a saber cómo desarrollar o continuar y bueno, va a tener que completarse, me parece, que de esa manera. Son dos perfiles diferentes y el desafío considero que está en tratar de, si uno está en un lado, tratar de tomar del otro lado, y así formarse completamente como músico.

-¿Qué significa o representa el Festival Guitarras del Mundo?
-El Festival Guitarras del Mundo representa un espacio importante de difusión de las diferentes guitarras que hay en la Argentina y en diferentes países del mundo. En los diferentes lugares del país es el acceso a una propuesta que, difícilmente, tengan acceso las comunidades; a esto de escuchar a la guitarra, casi siempre, en su formato solista y en diferentes estilos.

Hoy me parece que es algo importantísimo, que se tiene que poner en valor, porque está por fuera de los hábitos de consumo actuales, de los estereotipos estéticos que se van instalando y son más escuchados. Eso creo que abre y nos genera el contacto con universos estéticos diferentes y con sensibilidades distintas, con otros estilos de vida también que son diferentes. Eso, me parece, que es enriquecedor para la comunidad, de poder entrar en contacto con esa diversidad que, por momentos, está silenciada o negada.

Es una música que es para escuchar, que no es, necesariamente, para bailar, con un instrumento que es habitual, pero tocado, quizás, desde un modo que no es tan difundido; que son guitarra solistas, auto acompañándose, con silencios, con muchos matices. Además, recorriendo todo el país, y para los guitarristas es entrar en contacto con otros lugares y con otros públicos.

Este Festival es algo invaluable, que tiene repercusión social difícil de medir, muy enriquecedor y para mí es un honor, realmente, formar parte de ésto. Lo iba a ver siempre cuando era chico, y estoy muy agradecido a Juan Falú, además de toda mi admiración por él. Con él, como músico, pero también como gestor y, bueno, todo lo que implica su figura, de ser el creador de dos carreras de música popular argentina y todo lo que hace por la música de esta región.

-La participación en Guitarras del Mundo posibilita el intercambio con maestros internacionales y también con artistas locales, de cada provincia. ¿Qué aprendizaje rescatarías de esa interacción?
-Un poco lo adelantaba en la respuesta anterior, pero el contacto con maestros de otros lugares... Lo voy a saber después de haber transitado la experiencia, pero desde ahora puedo adelantar que siempre va a ser totalmente enriquecedor, ver otros universos estéticos, la forma de encarar la música, el instrumento, los repertorios de los diferentes colegas. También, supongo, que compartiremos nuestras experiencias, cómo pensamos la carrera artística en estos contextos, en estas coyunturas. Cada participación, seguramente, me aportará algo en términos de valores, ¿dónde pone el foco cada uno?, ¿eso se escucha?, ¿dónde está lo bello para cada uno? Esas experiencias le hacen a uno, a veces, replantearse modos de pensar profundos desde la estética. Así que esas son las expectativas que, como siempre, van a ser superadas.

-¿Alguna vez pensaste que un sindicato de trabajadores se involucre en la gestión y producción cultural?
-Me parece muy interesante que un sindicato se involucre en tareas culturales. No sé si lo pensé previamente, pero creo que esta reunión, que en principio es de orden gremial y tiene que ver con algunas reivindicaciones muy sectorizadas, donde desarrollen otro tipo de conciencia acerca de su trabajo y su importancia y de su rol es ejemplar. Entonces que se metan con lo cultural, porque ahí estamos viendo cómo la cultura construye sociedad.

Lo que se deja ver es un poco esa conciencia apostando a eventos culturales de estas características. Hay una postura que es política, que ya no es solamente sectorizada, pero también los atraviesa desde una manera más amplia; ya que somos un poco lo que escuchamos, somos lo que vemos, y somos lo que comemos. Entonces, que un sindicato salga de su reivindicación sectorial y apueste a la vida cultural, creo que habla de un tipo de conciencia trabajada y me parece que jerarquiza el rol de la organización; así que, bueno, la celebro.

En lo personal, creo que es sustancial la tarea cultural en estos contextos. Tomar conciencia acerca de cómo la cultura nos construye, nos hace, todo eso que vemos y que leemos todos los días y, bueno, ahí hay que forjar espacios para que también sucedan otras cosas. Y si el sindicato forma parte de esa puja, lo celebro, y creo que estamos juntos en ese trabajo.

GABRIEL LOMBARDO
Compositor, guitarrista y docente argentino, actualmente residente en la Ciudad de Buenos Aires. Ha compuesto obras para diversas formaciones instrumentales, música para cine y teatro, y cuenta con siete discos editados con obras de su autoría: Starosta, Cuerpos de Miel y La Estafa, junto al Gabriel Lombardo Quinteto. Respira, en carácter de solista. El sonido de los durmientes, Danza entre todxs y Mancha Arena, con la Orquesta El Sonido de los Durmientes, proyecto en el que se desempeñó como director, compositor y guitarrista. Esta orquesta fue declarada de interés cultural por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2014.

El 30 de octubre de 2025 estrena en el Salón Dorado del Teatro Colón, “Música para Octeto”. Una serie de obras escritas para la ocasión estrenadas por miembros de la orquesta estable del Teatro Colón. En julio de 2025, la Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto” estrenó en el Auditorio Nacional del Palacio Libertad la versión sinfónica de su “Suite de músicas con aires latinoamericanos”.

Su trabajo ha sido reconocido con premios y distinciones de instituciones como el Fondo Nacional de las Artes, Ibermúsicas, el Concurso de Composición Argentina–Perú (categoría sinfónica) y el Consejo Argentino de la Música.
Entre 2013 y 2017 fundó y dirigió la Orquesta de Música Argentina y Latinoamericana de la Escuela Superior de Música J. P. Esnaola, dedicada a la interpretación de repertorio sinfónico de raíz folclórica de los siglos XX y XXI. Actualmente dirige el Taller de Música Ciudadana de la misma institución, donde además es profesor de Lenguaje Musical Audioperceptiva (Nivel IV) y tiene a su cargo la cátedra de Elementos I del nivel superior.

En 2007 egresó del Conservatorio de la Ciudad de Buenos Aires “Astor Piazzolla” bajo la guía de Javier Bravo y Jorge Bizcardi, obteniendo el título de Profesor Superior de Música, especialidad Guitarra. Se formó en armonía, composición y orquestación con Juan Carlos Cirigliano, Roque de Pedro, Guillermo Possati, Gabriel Senanes y Diego Schissi. Desde los trece años estudió guitarra eléctrica con Rodrigo Cardone, Ricardo Lew y Martín Negro (con orientación al jazz). Asimismo, realizó cursos de guitarra tango con Esteban Morgado y luego, con Leandro Nikitoff.